Carreta

Historia de la Carreta de la Hermandad

En 1951, coincidiciendo con la primera romería en la que peregrinó nuestra Hermandad, y para que el antiguo Simpecado que bordara Bolaños pudiera ser trasladado con todos los honores, el Director Espiritual D. Andrés Guillén, ofreció la tumbilla de la Virgen de las Aguas de la Parroquia, así como los elementos para exornar un lecho de carreta que fue ofrecido por el hermano D. Juan Fernández, con autorización para que se hiciera en ella todo lo que fuera necesario para la colocación de los varales y templetes. La actual Carreta de Plata en la que nuestro Simpecado peregrina desde la Parroquía del Salvador hasta la Ermita de nuestra Señora del Rocío en la Aldea almonteña, vino a sustituir a la realizada en los talleres de Manuel Román Seco, a imitación de las obras del Siglo XVII y que fue donada por D. Miguel Lasso de la Vega y Marañón, vizconde de Dos Fuentes, cuyo precio ascendió a 92.500 de las antiguas pesetas. (555,93 €)

La antigua Carreta, conocida como la de los cuatro varales, era de alpaca y peregrinó en las romerías al Rocío, desde 1952 a 1974, ambos inclusive, portando sucesivamente al antiguo Simpecado de Bolaños, la imagen de la Virgen del Rocío de nuestra Parroquia y el actual Simpecado de Elena Caro.

Carreta actual

La primera fase de la actual Carreta de Plata, importante ya que es cuando se concibe tal y como la conocemos hoy en día, se realiza por el taller de Viuda de Villareal en el año 1975. En esta fase se realiza toda la misma menos los candelabros, faldones, techo, peana y vara del Simpecado que serían realizados posteriormente, utilizando mientras los que provenían de la Carreta antigua.

El trabajo que hubo que desarrollar fue de una gran magnitud, ante las constantes oscilaciones del precio de la plata y la multitud de actos organizados para poder recaudar el dinero que se necesitaba para financiar tan extraordinario proyecto. La Comisión fue dirigida por D. Francisco Bovis Bermúdez, como Hermano Mayor y por D. Rafael Esteban Fraile, que dirigió la parte técnica y artística. Cuarenta y cinco artesanos trabajaron en ella durante nueve meses.

La carreta de nuestra Hermandad es una obra ejecutada en barroco sevillano, repujada por completo y toda la orfebrería en plata de ley. El peso total de la parte metálica, sin candelabros es de 137.035 gramos. Con los candelabros aumenta su peso en 32.813 gramos.

Muchas de sus partes están inspiradas en una de las obras cumbre del barroco sevillano como es la Colegiata del Salvador, donde reside canónicamente nuestra Hermanad del Rocío de Sevilla, y que han hecho que esta Carreta sea reconocida nada más verla.

En su primera fase, se realizó desde lo que se conoce como el lecho, partiendo desde la tablazón del mismo. De ella nacen seis columnas, de basamento cuadrangular, con cañones, con manzana cuadrangular en el centro y acabada en hermosos capiteles. Las trazas de estas columnas y sus capiteles, recuerdan a las columnas pétreas de la nave central de la Parroquia del Salvador.

Carreta de Sevilla. Foto: Jaime Rodríguez.

En los basamentos cuadrangulares, en sus caras exteriores, se encuentran repujados diversos momentos de la vida de la Virgen María y el resto de las caras llevan exornos florales.  

En las manzanas cuadrangulares se encuentran los escudos de Sevilla y Huelva, así como la medalla de la Hermandad, y en su cara interior brotan jarrones de nuevos motivos florales. En en centro de los varales delanteros se suele colocar un lazo negro como señal de luto por la muerte de algún Hermano de nuestra Corporación.

Estas seis columnas o varales, sirven de apoyo para la cornisa de la cual nace el techo de medio punto que la cubre, este techo lleva forma de bóveda, copia del friso de la capilla Mayor de la antigua Colegiata. En su centro recoge una nube bulbosa la cual asoma entre rayos, de donde pende el Espíritu Santo (en forma de paloma) como figura exenta, movida y oscilante.  

Espíritu Santo en la bóveda, techo interior.

Este techo está decorado con ornamentación vegetal, conteniendo cuatro casetones entre nervios de separación o enlace en los que se advierten estas cuatro leyendas: “Rocío del cielo”, “Madre de la Iglesia”,  “Estrella de la mañana” y “Blanca Paloma”. Igualmente se pueden observar nervios con cabezas de querubines y cartelas con otras cuatro inscripciones: “Espejo de Justicia”, “Luz de los caminantes”, “Madre de los rocieros” y “Salud de los enfermos”. El resto asemeja un artesonado.

La cornisa exterior ingleteada, tiene decoración de dentículos, al igual que la interior, recordando igualmente a las cornisas que sostienen las columnas en la Parroquia del Salvador, y de ellas penden lazos que rematan con borlas y que rodean todo su contorno dándole dinamismo y gracia.

Su parte frontal y trasera forman un arco de medio punto, en cuya parte central sostienen amplias cartelas: en la delantera el escudo de la Hermandad y en la trasera la leyenda “Refugio de los pecadores Ruega por Nosotros”. Estos arcos coinciden con los que existen en la Parroquia del Salvador y que sostienen la bóveda principal.

En la parte exterior del techo, y como prolongación de las columnas, nacen seis jarrones con azucenas, rematando las cuatro esquinas por encima del cuerpo de campanas del monumento más emblemático de la ciudad de Sevilla, la Giralda. En el centro de la parte exterior del techo, y como punto más alto de la misma, descansa sobre una peana una Giralda, flanqueada por las Santas sevillanas Justa y Rufina. Según cuenta la leyenda, las Santas evitaron que la torre se desplomase en un terremoto que sacudió la ciudad. Este remate es otra de las señas de identidad que hacen que esta Carreta sea inconfundible.

Del techo hacia abajo, por sus cuatro caras, originariamente nacían faldones que estaban repujados con ornamentación vegetal, con columnas salomónicas y moldura de emperlados. Las ruedas fueron artísticamente decoradas por Manuel Lagares López. Esta primera actuación se da por concluida con la realización de cuatro jarras o ánforas repujadas y con asas, con la medalla de la Hermandad en la delantera. Dichas jarras se encuentran situadas en los laterales, entre las columnas, y una cratera lisa de gran belleza que, debido a su abultado tamaño, se sitúa detrás del Simpecado. Está labrada de una sola pieza y fue premio nacional de orfebrería.  

El 15 de mayo de 1975, a los pies de las escalinatas de la Parroquia del Salvador, D. José Gutiérrez Mora, bendecía la nueva Carreta antes de que le fuera instalado nuestro Simpecado para iniciar la primera Peregrinación al Rocío. En la segunda actuación, cinco años después, D. José Díaz González como Hermano Mayor, se decide a reemplazar los candelabros de la antigua Carreta, que eran los que se seguían utilizando. Son colocados en las cuatro esquinas, al lado de la parte interior de las columnas, y realizados en plata de ley. Nacen de un basamento repujado a cuatro caras, rematando en una antorcha de la cual nacen cuatro brazos y un nuevo cuerpo que termina en otra antorcha de la que vuelven a salir otros cinco brazos, todos ellos repujados y que rematan en una taza, de la cual crece el guardabrisa y el mechero para el punto de luz.  

En 1984, siendo Hermano Mayor D. José Pabón Amado, con motivo del Cincuentenario de la fundación de Nuestra Hermandad, el domingo 20 de mayo, la Carreta portó a nuestro Simpecado hasta la Santa Iglesia Catedral, para concelebrar un Solemne acto Eucarístico ante Nuestra Señora la Virgen de los Reyes. En el ánimo de la Hermandad estaba el realizar la última parte de la Carreta, la cual, catorce años después, todavía pertenecía a la Carreta antigua y no estaba en consonancia con la actual. Este ánimo se ve acelerado cuando en la romería de 1988 la vara del Simpecado se rompe en el camino. Tan precaria situación termonó en la decisión de realizar un nuevo pie y una nueva vara.

Este pie es realizado siendo Hermano Mayor D. Manuel Rodríguez Bordallo, a cuatro caras repujadas. De cada una de sus esquinas nacen cuatro nervios en forma de S, que confluyen en un mismo punto, formando una roseta de la que nace la vara repujada de tubo redondo que soporta el Simpecado y que remata con una cruz que sirve de unión con el techo.

Aunque la Carreta se podría dar por concluida con la última intervención efectuada, había dos partes de la misma que, al entender los hermanos y los expertos consultados, podían ser mejoradas. Estas eran el techo en su parte exterior, donde se podían ver unos dibujos grabados y no repujados, y los faldones. En 1992 se decide realizar esta obra, viéndose la conveniencia de utilizar los faldones completos para realizar la parte exterior del techo y encargar unos faldones completamente nuevos que sustituyesen a los anteriores (inexistentes).  

Los nuevos faldones se realizan en su cuatro caras y totalmente en plata. El frontal y el trasero constan de dos paños y los laterales de tres. Cada uno de ellos lleva una decoración floral y vegetal repujada, cambiando en todos los paños.

En el centro de los mismos destaca una gran cartela en las que se encuentran reflejados diferentes momentos del camino de la Hermandad.

Por encima de estos paños, en el arranque del friso superior, se encuentran otras pequeñas cartelas que recorren la Carreta con la simbología de las letanías de nuestra Señora: Rosa Mística, Arca de la Alianza, Espejo de Sabiduría, etc.

El friso, en el cual se pueden observar los contrastes entre la plata con brillo y mate, tiene decoración de innumerables pequeños dentículos rectangulares acabados en aristas que se repiten por todo el contorno y nos vuelve a recordar a las cornisas de la Parroquia del Salvador.  

En los extremos de cada faldón se encuentran ocho capillas, flanqueadas cada una de ellas por dos columnas con capiteles corintios. Estas capillas, que se hallan repujadas en su interior, sirven de cobijo a diferentes imágenes del santoral sevillano. Sobre ricas peanas y estando realizadas todas ellas, al igual que toda la Carreta, en plata de ley. Por debajo de estas capillas aparecen cuatro esquinas en forma de nubes de volúmenes muy abultados.

En la parte exterior del techo se utilizan los antiguos faldones adaptándolos a su nueva ubicación y se realizan cuatro nuevos penachos repujados, que son colocados en la parte superior de la cornisa en el costado entre las azucenas. Para concluir, del techo, en la parte trasera, nacen dos brazos que vuelan fuera de la carreta y que agarran la llamada “barra de promesa”, lugar en el que los fieles se agarran, siendo ésta de metal plateado, debido a que ofrece una mayor resustencia. Esta parte se sigue conservando de la antigua Carreta.

Asimismo, en el centro de la parte frontal va situada una pequeña imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, encima de una peana, obra de D. Fernando Marmolejo. Desde 1979 el que fuera Hermano Mayor, D. José Valdés y a su fallecimiento su viuda,  venían cediéndola a la Hermandad para la Romería, hasta que en 2016, al finalizar el sábado de cultos del Quinario de Romería, el Hermano Mayor, D. Ricardo Laguillo Morejón, su señora Dª Menchu Cañete Clemente y su hija Pastora procedieron a regalar a la Hermandad una reproducción en plata de la misma y del mismo orfebre. La citada imagen la bendijo el predicador de los cultos Fray Juan Franco Pérez.

En 2016, el cabildo de oficiales decidió acometer la restauración integral tanto de la orfebrería, la carpintería y la mecánica de la carreta, encomendando tales trabajos, al taller de los Hermanos Delgado en la parte correspondiente a la orfebrería, y a Manuel Barrera, la restauración y nueva hechura de la carpintería y mecánica.