Obras asistenciales

La Diputación de Obras Asistenciales quiere prestar un servicio a nuestra Hermandad, como también a los más desfavorecidos y necesitados de la sociedad que nos ha tocado vivir, no solo en aspectos económicos, sino también, y no menos importante y fundamental, en el plano humano, entendido desde la caridad cristiana.

Comenzamos una nueva etapa, una nueva andadura, desde la Diputación de Obras Asistenciales, en la que queremos seguir potenciando todas las acciones solidarias y caritativas que viene desarrollando nuestra Hermandad y, en la medida de nuestras posibilidades, incrementarlas.

Es importante para esta Diputación poder contar con la generosidad y el apoyo de todos nuestros hermanos. Necesitamos vuestra AYUDA para poder AYUDAR, tenemos la gran oportunidad de que nos conozcan por nuestros actos de solidaridad y amor a
los demás. El Divino Pastorcito y su Bendita Madre del Rocío, nos lo compensarán.

En los proyectos de la Diputación de Obras Asistenciales se trabaja todo el año, algunos exigen dedicación de enero hasta diciembre y otros son más estacionales, pero para todos se necesita el mismo empeño, para llevar, allí donde se necesite, consuelo, alivio, compañía, remedio.

Actualmente cuatro proyectos centran el trabajo durante todo el año: Regina Mundi, El Economato, la Casa de Todos y el Armario Solidario.

Otros proyectos que os invitamos a conocer son Un Regalo para el Sueño de un Niño, la colaboración con otras asociaciones a través de Mesas Petitorias, nuestra colaboración con las Niñas de Santa Ángela de la Cruz y la Asociación de Síndrome de Down y con la Pastoral penitenciaria con las que colaboramos estrechamente desde hace años.


Colonias de Verano

El corazón de nuestra Hermandad

Decir Colonias, es tocar el corazón de todos los hermanos de Sevilla. Esta iniciativa de la Diputación de Obras Asistenciales aúna el cariño y el orgullo de nuestra Hermandad. Cada verano, en julio, nuestra Casa Hermandad, acoge a cerca de 100 niños y niñas de familias vulnerables. Durante diez días, estos niños, provenientes de hogares desestructurados, en riesgo de pobreza o en exclusión social, pudieron disfrutar de unas vacaciones que, de otra forma, sus familias no hubieran podido proporcionarles. Las Colonias de Verano no solo les permiten disfrutar de actividades lúdicas, como salidas a la playa o a la piscina, sino que también les proporcionan actividades educativas. Con diferentes talleres, intentamos inculcar en ellos, por medio de diferentes juegos y manualidades, los valores del respeto, compañerismo y el desarrollo personal. También queremos trasmitirles nuestra devoción rociera con actividades que les enseñar y le spermiten conocer el Rocío. Cada año se celebra una jornada de convivencia, que se inicia con la eucaristía en el patio de la casa de Hermandad. Muchos hermanos se acercan a pasar el día con los niños y niñas que se han beneficiado de este proyecto y compartir cantes y diversión.

Todo este trabajo no es posible sin la colaboración personal de muchos hermanos voluntarios y otros colectivos que prestan su ayuda desinteresada: el Ejército Español, que monta el campamento en las instalaciones de la Casa Hermandad del Rocío; el entregado equipo de jóvenes de la Hermandad que presta su tiempo y trabajo como monitores y auxiliares, realizando una gran labor de servicio a la Hermandad, pero sobre todo a los niños que disfrutan de las Colonias y; el grupo de hermanos y hermanas, encabezados por la Diputación de Obras Asistenciales, que trabajan en la organización (cocinas, limpieza, ropero) y en todo lo que sea necesario para que no falte de nada.

Gracias a todos aquellos que han colaborado en el éxito de nuestras Colonias, hermanos, empresas, instituciones y particulares que lo han hecho posible y, de forma especial, a los que han donado su tiempo y su entrega. Sin todos ellos este proyecto no hubiera sido posible. Tampoco sin las aportaciones que han permitido la financiación y ejecución de este proyecto, ya sea a gracias a los hermanos que han apadrinado a alguno de los niños, los que han realizado donaciones monetarias o los que han ayudado de forma impagable con su tiempo y entrega.

UN CUENTO REAL, EN LAS COLONIAS

Había una vez tres hermanos que vivían lejos de Sevilla. Esos tres niños eran felices, pero vivían en una realidad muy diferente de la nuestra y no conocían otra mejor. Se abrigaban con el calor de su madre y su tía en invierno y aprendieron, que cuando la luz del día se va, todo termina y no vuelve hasta que llega el amanecer.
Un día conocieron la Hermandad del Rocío de Sevilla, nuestra Hermandad, que les ofreció la oportunidad de conocer el mar, la arena del Rocío, la convivencia en una familia compuesta de amigos, unos grandes monitores y cocineras, y todo lo que allí, en esa Aldea, se construía en esos días para que disfrutaran. Y por supuesto, la conocieron a Ella: ¡nuestra Virgen del Rocío!
Cuando llegaron por primera vez estaban muy nerviosos, no podían ni hablar. Estaban conociendo algo nuevo, algo que les cambiaría. Allí hicieron amigos, jugaron, cantaron, bailaron y conocieron el mar. ¡Fue la primera vez que vieron la playa! Irradiaban felicidad, no sabían ni qué hacer, si jugar en la arena, si bañarse… Todo era nuevo para ellos tres.
La vida no les sonrió solo a ellos, también sonrió a esas grandes personas que construyen nuestras Colonias, porque descubrieron que, a pesar de sus carencias de vida, se puede ser feliz con muy poco… Con tan solo mirarlos transmitían esa alegría. Te abrazaban y te querían. Y ellos sentían que todas aquellas personas eran su familia. Su mundo se volvió diferente gracias a todos los hermanos que colaboran, de una manera u otra, para que todo esto se vuelva realidad.
Estos tres niños cuentan los días para que vuelva a llegar esta fecha. Para ellos es uno de sus principales motores para seguir luchando todos los días. Viven con una ilusión, una que se llama ‘vacaciones de verano’, esas que hacen realidad esta hermandad y toda su gente con las Colonias.
Hoy los niños viven igual, dentro de sus posibilidades, pero con muchas ganas de volver a la Aldea para abrazar a sus monitores y ver a sus amigos. La Virgen del Rocío los cuida todo el año, y ellos lo saben, porque allí aprendieron a rezarle y a cantar la Salve. Ellos nunca olvidarán este cariño que los hace más fuertes.
Había una vez tres pequeños hermanos que soñaron que volvían a las Colonias…